jueves, 8 de agosto de 2013

Carta ficticia de Stephen Hawking a un niño neoyorkino

Querido Oskar Schell:

He leído todas las cartas que me has escrito en los últimos dos años. A cambio, te he ido enviando muchas respuestas estandarizadas, con la esperanza de que algún día podría contestarte como mereces. Pero cuantas más cartas me escribías, y más cosas me contabas de ti mismo, más dura se me hacía la tarea.

Dicto esta carta sentado a la sombra de un peral, contemplando el huerto de la finca de un amigo. Llevo varios días aquí, reponiéndome de un tratamiento médico que me ha dejado física y emocionalmente agotado. Esta mañana, mientras meditaba en la lástima que sentía por mí mismo, de repente se me ocurrió, cual solución simple a un problema imposible: hoy es el día que he estado esperando.

En tu primera carta me preguntabas si podías ser mi protegido. No sé qué decirte, pero me alegraría mucho que pasaras unos días en Cambridge conmigo. Podría presentarte a mis colegas, invitarte al mejor curry que se prepara fuera de la India y mostrarte lo aburrida que puede ser la vida de un astrofísico. 

Puedes tener un brillante futuro en el mundo de la ciencia, Oskar. Me encantará hacer cuanto esté en mi mano para facilitarte el camino. Resulta maravilloso pensar qué podría suceder si aplicaras tu imaginación a fines científicos. 

Pero, Oskar, recibo cartas de gente inteligente todos los días. En tu quinta carta me preguntabas: "¿Y si no dejo de inventar?". Esa pregunta hizo mella en mí. 

Ojalá fuera poeta, es algo que nunca he confesado a nadie, y te lo confieso sólo porque me has dado motivos para creer que puedo confiar en ti. He dedicado la vida a observar el universo, sobre todo con los ojos de la mente. Ha sido una vida tremendamente gratificante, una vida maravillosa. He podido explorar los orígenes del tiempo y el espacio junto algunos de los más grandes pensadores. Pero ojalá fuera poeta. 
Albert Einstein, uno de mis héroes, escribió una vez: "Nuestra situación es la siguiente. Estamos en una caja cerrada que no podemos abrir".

Estoy seguro de que no hace falta que te diga que la parte más inmensa del universo está compuesta de materia oscura. El frágil equilibrio depende de cosas que nunca podremos ver, oír, oler, probar o tocar. La propia vida depende de ellas. ¿Qué es real? ¿Qué no lo es? Tal vez esas no sean las preguntas adecuadas. ¿De qué depende la vida?

Ojalá hubiera hecho cosas de las que dependiera la vida.

¿Y si nunca dejas de inventar?

Quizá no estés inventando.

Es la hora del desayuno, así que voy a tener que poner punto y final a la carta. Hay más cosas que me gustaría decirte, y más cosas que me gustaría preguntarte. Es una pena que vivamos en continentes distintos. Una de muchas otras penas. 

El paisaje es tan hermoso a estas horas... El sol está bajo, las sombras son alargadas, el aire es frío y limpio. Faltan unas seis horas para que despiertes, pero no puedo evitar la sensación de que estamos compartiendo esta clara y hermosa mañana.

Tu amigo,
STEPHEN HAWKING








Jonathan Safran Foer: Tan fuerte, tan cerca (pp. 411-413)
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...