miércoles, 1 de mayo de 2013

MAGGIO (o Blanca admira a Blanca)


Muerte en el tiempo grávido de palomas marchitas,
en el lacrimatorio que me ofrece la maloliente tinta de mayo.
Agonía del cauce en mi cintura y en la cintura de veleros negros,
agonía de un ojiva de agua,
mayo, mayo, poema oval, resplandor y saldo al vacío
una estrella de nervios que no tiene piedad.
Mayo con astas locas, mayo ciervo de fiebre,
mayo hocico de piélago me mordió el cinturón de la temperatura
mayo de fiebres malvas y ciervo emborrachado de glóbulos celestes
en el sol tembloroso del ventrículo,
pequeño ciervo solo que devoto bebió
toda la sed dorada en las arterias.
Quise una enfermedad como un áncora cierta
para las horas que se desmienten,
áncora para el músico multiengrendrador,
áncora para Bach y sus duros acólitos, y para la enramada matemática
y para todo lo que no me existe.
Quise la muerte para una sábana díscola, para el poeta y su bisturí,
para el libro y su verde más íntimo
para el tono y su garganta ardiendo.
Quise la muerte para unos ojos sin norte,
para unos ojos de brújula sacra,
para los ojos jóvenes que se izan
a leer la estrella agreste de las diez.
Ojos, los ojos míos,
o bien ojos litúrgicos, agrandados de antorchas,
los ojos que grabaron con iniciales góticas
en el alma guerrera de un niño de diez años,
ojos de lirio helado en alfileres:
clavados en el mar de los taxidermistas.
Pero hablemos de ojos que desvanecen
las lámparas sin ti,
hablemos de las ardidas vincas del alcohol que tanto sufren,
mientras escribo versos como algas votivas,
como alambres de lágrimas, mientras siento tu noche y dinastía.

Blanca Andreu



Maggio forma parte de De una niña de provincias que se vino a vivir en un Chagall, obra con la que Blanca Andreu gana el Premio Adonais en 1980. Ya en los años setenta los poetas novísimos escribieron poesía de corte surrealista, pero es con este libro cuando el Neosurrealismo se asienta en la poesía española. Maggio es un buen ejemplo de ello: se trata de un poema que se construye a través de una sucesión rapidísima de imágenes inconexas e imposibles que van sugiriendo una idea, la de la dialéctica de la realidad y el deseo. Una característica presente en este poema, y muy frecuente en la poesía española actual, es la voluntad de convertir en poético un lenguaje típicamente coloquial: “los ojos que grabaron con iniciales góticas/ el alma guerrera de un niño de diez años” (vv. 27-28). Sin embargo, el uso del versículo largo y la acumulación de imágenes, delirantes sí, pero también bellas, recuerda en cierto modo al gusto novísimo por la forma cuidada y el lenguaje preciosista, adaptado, claro está, a la estética neosurrealista y a un lenguaje más coloquial. Además, cabe destacar la enumeración de palabras como “emborrachando”, “bebió”, “alcohol” o “noche”  relacionadas con el mundo nocturno de los bares y la droga, un escenario muy habitual en la poesía española contemporánea.

Blanca León González

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