martes, 21 de mayo de 2013

LA TRAMPA (Un cuento de posguerra)


             -          ¿A dónde vas?
                
             -          No sé.

De doce de la noche a ocho de la mañana se duerme. De ocho de la mañana a doce de la noche, no.

             -          ¿A dónde vas?

             -          ¡Yo qué sé!

Hay tres caminos. Llevan a tres sitios, los mismos siempre. ¿Y entre ellos? ¿Y si fuera por entre dos de ellos? Iría también a sitios conocidos, siempre los mismos. Porque esto es conocido. Porque nada se mueve. Porque somos así. Porque estamos en el mapa y en el padrón y nos busca el tren, el coche de línea, el correo, el teléfono, los amigos, la familia, y nos encierra la calle, la habitación, la puerta. La ventana mira siempre al mismo sitio. ¿Y si un día mirase a otro sitio? No lo hará.

Hay veces en que a las cuatro de la tarde o a las siete tengo un sueño de losa. Pero a esa hora no se duerme y yo no duermo. Hay veces en que a las cuatro de la mañana, o a las cinco, tengo los ojos abiertos y la cabeza clara como una estrella. Y quiero dormirme. Y no puedo. Y mi mujer duerme. Y mis hijos. Porque el brasero y yo somos iguales; tarda en enfriarse. Noto en mi cabeza las brasas, las últimas brasas de la madrugada, en las que, a veces, cae una idea, cualquiera, y las reaviva dolorosamente, con algo funeral, como puñado de espliego.

¿Por qué no he podido comer hoy a la hora de comer?

             -          ¿A dónde vas a estas horas?

Estas horas son siempre para otra cosa, lo sé. A veces huele a comida en las calles, o a cocina recién encendida, o a mula adormilada y caliente, o los campos y las estrellas empiezan a echar vaho. ¿Y si ahora saliera y no viera a Mateo, no le viera nunca más y no se hubiera muerto?

             -          Acuéstate.

             -          No puedo…

             -          Levántate.

             -          Más tarde…

El otro día hubiera dado cualquier cosa por pasar a la otra habitación por otro sitio. Quise hacerlo y no pude. Empujé y no pude. Di puñetazos y voces y no pude. Estuve a punto de ir por la piqueta.

Al filo de una madrugada estrangulé al gallo. Le echaron de menos porque no cantó. Aunque los vecinos cantaron como todos los días.

No quiero cerrar nada por las noches, ni las ventanas, ni las puertas, ni el corral, ni la cuadra. No quiero dejar de ver el sol por las noches. Y lo veo. ¿Cómo se explica que nadie en absoluto, nadie, salga a la calle de noche? Si quiero fumarme ahora un cigarro con Felipe, ¿lo puedo hacer?

A veces me voy a trabajar a las tantas, aunque no tenga trabajo pendiente. Luego, a lo mejor, no hago nada; un monigote de hierro sin pies ni cabeza. Pero entre golpe y golpe me empapo de silencio; un baño, como si me diera un baño. Y hasta las tías del Ejido están dormidas; las tías del Ejido con sus nalgas gordas, lustrosas, bien magreadas. Si quisiera… pero también tengo mi cama y mi mujer, que esperan. ¿Y si no quiero esa cama?

¿Por qué no puede haber gente bailando de noche? ¿Es imposible? ¿No puede haber charanga?

             -          Acuéstate. O pasea un poco si no puedes dormirte.

Sí, eso. Pero ¿adónde? No a caer en la trampa; no a coger la calle. Por la izquierda, a la plaza, lo sé; por la derecha, a la iglesia, al campo, al cementerio. No; no cojo la calle, ni los caminos, ni la puerta, ni miro por la ventana, ni puedo dormir de noche, ni comer a las horas de comer, ni reírme cuando los demás, y, a veces, cuando ríen, noto como una espuma rebosadora, escociente que me sale a los ojos.

Ha habido noche que he cogido la vereda de los bardales que nadie la sabe. Y otra que fui pisando luna. Y también es muy bueno meterse en el río y seguir adelante, como si nada.

Siempre que voy a salir me acecha la trampa: la enorme peligrosa zanja del día, llena de pequeñas zanjas, y la lanza más libre de la noche, que es como un narcótico.

Me levanto y miro y remiro el reloj, la primera trampa, y me apresuro y me angustio porque una varilla negra se acerca a las ocho o a las nueve y yo tengo que salir, quiera o no quiera, cinco minutos antes. Y el reloj es como un memo inhumano al que hubiera coronado el rey. Salgo y me cruzo con Nicolás y voy a decirle «¡buenos días!», pero no; sólo caigo en la mitad en la trampa y le digo «¡buenas noches!», y él, que está en la trampa desde que nació, me mira con un gesto de extrañeza, o se ríe porque se cree que no es de noche, y nadie le metería en la cabeza que otros ahora en el mundo están durmiendo, o que yo estoy fuera de todo eso, y no admito la acera, ni el camino más corto, y voy pisando raya por pisar medalla. Y que un día ayudo al cura, y otro soy recovero, y otro no hago nada, y el domingo no se oyen en el pueblo más martillazos que los míos, aunque todos los días, todos, sea herrero, el herrero. Y, a veces, salgo por la ventana y no por la puerta, y a veces por las bardas del corral que dan al de Goyo, que está casado, y si me ve, sólo puede pensar una cosa: que voy por su mujer. Y se equivoca, que no voy por su mujer.

A veces me gustaría ser carcoma; a veces, murciélago.

             -          Tienes que descansar.

No. No puedo. Y a la tarde, cuando me siento a la puerta, en una silla al revés, la gente cree que estoy allí, como todos, pero no estoy allí; tengo siempre un resquemor y una deuda conmigo mismo y siempre estoy entrampado con el orden.

Ahora estoy rendido y no quisiera irme, pero algo duro, y áspero, y fuerte, me empuja a hacerlo, y aunque grite «¡déjame!, ¡déjame!», sé que estoy yéndome. Y estoy cansado, muy cansado, molido. Porque el hombre está hecho para la trampa; porque lo fácil, lo cómodo, es la trampa, y está tan bien hecha que me falta cabeza y coraje para salir de ella.

Un día me escaparé de verdad, quizá por los tejados. El día que no sepa dónde voy, ni piense, ni sienta. Ahora estoy probando. Y entonces que me vengan a decir a mí que no hay más que el día y la noche, que no hay más que esas horas para hacer eso, que no hay otros caminos… 

Medardo Fraile







sábado, 11 de mayo de 2013

Denise Despeyroux visita la Facultad de Letras de la UCLM







El pasado lunes 29 de abril los alumnos de Escritura Creativa de la Facultad de Letras de Ciudad Real volvieron a tener una clase un tanto especial, y es que esta vez las lecciones las impartía la autora y directora de teatro Denise Despeyroux.






La dramaturga, que ha sido docente en diversos cursos de creación escénica, propuso una innovadora metodología para el desarrollo de la creatividad que dista de los habituales dictámenes teóricos que imperan en las aulas universitarias. Denise aboga por un tipo de ejercicios más dinámicos y estimulantes de la creatividad individual y, por ello, no permitió que los alumnos tomasen demasiadas notas.

Para empezar, Despeyroux propuso que cada participante imaginase un personaje que debería representar; seguidamente, cada uno se presentó en lo que trataba de ser una especie de terapia de grupo en la que se generaron debates en torno a cada personaje (siempre actuando). 

Terminada esta dinámica, Denise invitó a algunos de los participantes a improvisar delante de un público; la actividad consistía en que dos de ellos debían interpretar con sus gestos lo que una determinada música les sugiriese.

Por último, se prescindió de la música para que cuatro de los alumnos interactuasen según una determinada consigna: uno de ellos era el representante de una asociación de donantes de órganos que debía convencer a un paciente para que se hiciese donante; otro era el paciente en cuestión, cuya enfermedad le impediría vivir poco, y que, además, era misógino; los otros dos personajes eran la futura receptora de los órganos y su pareja. El resultado de esta actividad, que se había ido desarrollando sobre la marcha, fue un diálogo ilógico, cuanto menos absurdo.

A través de estas actividades, Denise Despeyroux mostró a los alumnos su particular modo de creación: a través de y para los personajes. Y es que, si bien el teatro es quizá la rama más viva de literatura, su escritura ha de estar condicionada, irremediablemente, por esa vida. 

Muchas gracias, Denise, por tus lecciones; y muchísima suerte en tu próximo estreno Por un infierno con fronteras, el 22 de Mayo en "La casa de la Portera".


lunes, 6 de mayo de 2013

Hay realidades mucho más brutales que cualquier ficción




A Luis Ramos Setién, compañero de viajes, canalla sutil

.

La República Democrática del Congo, también conocida popularmente como RDC o Congo Democrático, es un país de África central, denominado Zaire entre los años 1971 y 1997. Situado en la zona de los grandes lagos de África, es el segundo país más extenso del continente, después de Argelia. Limita con la República Centroafricana y Sudán del Sur al norte, Uganda, Ruanda, Burundi, y Tanzania al este, Zambia y Angola al sur, y la República del Congo al oeste. Tiene acceso al mar a través de una estrecha franja de 40 km de costa, siguiendo el río Congo hasta el golfo de Guinea. El nombre "Congo" encuentra su origen en los nativos bakongo, asentados en las riberas del río Nzadi o Zaire, rebautizado en portugués como río Congo. La RDC es dueña de una rica y variada historia que se inicia con los primeros inmigrantes bantúes que llegaron a la zona, la cual se convertiría en el epicentro del gran Reino del Congo a mediados del siglo XV.

        -          Venga, vamos a ver si esto funciona. Verás cómo te gusta. ¿Te gusta? Pero no lo puedes tocar, que es muy delicado. No, no, no se toca. Así muy bien… Sí, las luces, ¿a que son muy bonitas? Verás que divertido. Vamos a ver a mi mamá; claro, yo también tengo una mamá, pero no está aquí. ¿Le vas a decir hola a mi mamá? A ver, cómo se hacía. Muy bien, muy bien… pero mueve más la manita. Así, así. Vamos a decirle: ¡Ho-la! Mira, parece que ya podemos. Vamos a llamarla, así. ¿Escuchas? Eso es que está llamando; a ver, cómo suena: puuuuu puuuuu puuuuu. Muy bien. Puuuu puuuu puuuu. ¡Ya está!... ¿Hola? ¿Mamá? ¿Me oyes? ¿Mamá?
        -        ¿Oiga?
        -        ¡Mamá!
        -          ¡Ay, qué lío! ¿Luis? ¿Estás ahí?
        -          Sí, Mamá, te escucho.
        -          Yo no sé si lo estoy haciendo bien. Te siento muy lejos.
        -          Es que hay muy mala conexión. Es muy difícil que la red funcione aquí. Bueno, ¿cómo estáis?
        -          Aquí andamos, hijo, con mucho lío, como siempre. Tu padre quería hablar contigo, pero es que como hoy era domingo… ya sabes. ¿Me ves?
        -          No Mamá, le tienes que dar al botón de la camarita.
        -          ¡Ay, no sé! ¡Ah, sí! ¿Uno que hay justo encima?
        -          Creo que sí, cuando le das se enciende una luz.
        -          Sí, éste es. Ya está. Tú sales como parado, Luis. ¿Eso por qué es?
        -          Es que entre que la conexión es como es, y que el ordenador no va más allá… pues eso. Y bastante es que funciona hoy.
        -          Claro, es que en esos sitios tú me dirás... ¿Cómo estás?
        -          No me quejo, mamá. No estamos teniendo muchos sobresaltos, así que se puede decir que bien.
        -          Entonces ¿Ya lo estás pasando mejor?
        -          Hombre, tampoco es eso…
        -          Mira que son ganas de sufrir, hijo… y de hacernos de sufrir a nosotros.
        -          Pero Mamá, si a mí me tratan muy bien, estoy bien.
        -          Pero si te estabas quejando.
        -          No me quejo. Sólo te digo que una cosa es estar bien, y otra es pasarlo bien.
        -          Pues eso te digo. Que si estás sufriendo, pues vuélvete ya. Que yo no he traído hijos al mundo para que sufran.
        -          Pero que no es eso, que yo estoy bien aquí. Estoy donde quiero estar.
        -          ¿Qué es eso que se ve?
        -          ¿El qué?
        -          Algo que tienes cogido.
        -          ¡Ah! .Es alguien a quien te quería presentar. Se llama Masika. Ya te hablé de ella la otra vez. Es nuestra princesita aquí.
        -          ¿Vuestra princesita?
        -          Sí, porque la estamos cuidando entre todos. Cuando llegué sólo tenía 4 meses. La tenemos super mimada. Te dije que te la iba a presentar un día.
        -          ¡Ay, cariño, no me acordaba! Es que hablamos tan de cuando en cuando… que las cosas se me olvidan.
        -          Es normal… Bueno, ¿qué te parece? ¿La ves bien?
        -          Algo se ve. ¡Vaya pelos!
        -          Jajaja, ya, se lo tenemos que cortar pronto. ¿A que es guapa?
        -          Hombre, es que no se la ve muy bien… ¡Hola, pequeña! Pero… ¡no dice nada!
        -          Mamá, que no tiene ni un año. Mira, te está saludando con el bracito.
        -          Es que no se ve, hijo. Qué pena. Y… ¿cómo es eso de que la estáis cuidando entre todos?
        -          Nació aquí. Fue Sebas quien la sacó, mi compañero…
        -          Ah, sí, el panchito.
        -          Es mexicano, Mamá.
        -          Ay, es que ya sabes que me hago un lío con tantos países, y como todos hablan raro… ¿a que me has entendido cuando he dicho “panchito”?
        -          Sí, pero tienes que hablar con propiedad, mujer.
        -          Bueno, bueno, pero no te enfades… Sebas, entonces. Yo pensaba que allí los hombres no podían atender a las mujeres.
        -          ¿Por qué?
        -          Por la religión, qué se yo. Como son más atrasados…
        -          Mamá, un médico es un médico en todos lados. Y más aquí.
        -          Ya, ya… Entonces, ¿la cuidáis entre Sebas y tú? ¿Y su madre?
        -          Su madre tuvo depresión post parto. La aborreció.
        -          Pues vaya madre.
        -          La depresión post parto es algo muy habitual.
        -          Pues Gema tuvo de eso cuando nació tu amiga Cris, y la crió igual. Estaba triste, pero no dejó de criarla.
        -          Ya, Mamá, pero no puedes comparar lo de Cris con lo de esta mujer.
        -          Son madres, igualmente.
        -          La madre de Masika llegó aquí medio muerta, Mamá...
        -          Pobrecilla… Pero Luis, tú tienes que ayudarla a que se ponga contenta. Tiene suerte de haber sobrevivido y de tener a su niña. Tiene que quererla. ¿No le dices nada?
        -          En ello ando, Mamá. Pero no quiere hablar, mucho menos mirar a la niña…
        -          Pues vaya infancia va a tener la pobre.
        -          Mamá, ella no se da cuenta. Ni siquiera la reconoce como su madre… Además, que ya te he dicho que la tenemos como a una reina entre todos. Yo diría que es la que mejor se lo pasa aquí.
        -          Aun así, sin una madre…
        -          Pero es como si tuviese muchas madres, ¿no entiendes? Entre los médicos, las enfermeras… Es nuestro juguetito. Además, que como es tan salá, hay mujeres que la quieren mucho y siempre quieren estar con ella… La quieren como a una hija.
        -          Ya veo… ¿tú crees que será bueno para ésas? Digo, las que no pueden…
        -          Para muchas sí que es bueno, están viendo cómo una niña crece feliz, y dentro de lo que cabe, a salvo. Eso las reconforta, les da esperanzas. Pero hay otras, como su madre, que no la pueden ver… todavía les duele mucho.
        -          ¿Qué le pasó a su madre?
        -          Al parecer la tuvieron secuestrada más de dos años.
        -          ¿Los Mai-Mai, otra vez?
        -          Siempre son los Mai-Mai. Aquí sólo nos encargamos de eso.
        -          ¿Y estaba ella sola?
        -          La encontraros sola, sí. Se había escapado. Pero ya te digo, casi muerta. Le habían dado una paliza.
        -          ¿Y la niña?
        -          Estaba de cinco meses, pero no abortó. La niña nació bien.
        -          Menos mal… Ay que ver, con los Mai-Mai. Con el nombre tan gracioso que tienen y lo malos que son luego.
        -          Si yo te contara… aquí tenemos cada historia…
        -          Y tú las tienes que saber todas, ¿verdad?
        -          ¡Qué remedio! Ojalá llegue pronto alguien más, a veces acabo tan saturado…
        -          Pero Luis, irse tan lejos sin cobrar… es que normal que estéis tan pocos. Y si no va ningún otro… ¿tú no puedes volverte?
        -          Mamá, no voy a volver de momento. Aquí hay mucho por hacer, y ellas ya me empiezan a perder el miedo. Es ahora cuando puedo empezar a trabajar en condiciones.
        -          Eres demasiado bueno…
        -          No digas eso, mujer.
        -          Tú de vez en cuando acuérdate de mí, hijo. Que estoy siempre en vilo pensando en cómo estarás. Que eso está muy lejos y casi nunca hablamos…
        -          Qué más me gustaría a mí poder llamaros más. Pero entre que sólo tenemos un ordenador para todos… y la conexión…
        -          Ya, ya, la maldita conexión. Lo que te decía, hijo, que allí es todo un atraso. Si yo también lo pienso… Que a esa gente le ha venido Dios a ver con vosotros…         
        -          Tanto como Dios… No podemos hacer tanto…
        -          Y… ¿qué vais a hacer con la negrita? Porque digo yo que cuando crezca no podrá seguir así de mano en mano.
        -          Bueno, si la madre sigue sin quererla, una de las opciones es que siga con nosotros, como la hemos estado criando.
        -          Pero hijo, eso no es educación ni es nada…
        -          Es mucho mejor que cualquier cosa que le pueda suceder fuera, Mamá, que no te haces una idea de cómo son las cosas aquí. La otra opción es que alguien se la quiera llevar, si se va, claro…
        -          ¿Cómo es eso?
        -          Pues por ejemplo, si yo decido volver a casa, llevármela como mi hija… arreglar los papeles y que se venga conmigo.
        -          ¿Pero tú harías eso?
        -          ¿Por qué no?
        -          Hijo, no sabes lo que dices. Si es que  eres demasiado bueno, siempre te lo he dicho. Y te meten pájaros en la cabeza y tú tan contento. Si vuelves a casa con la negrita no vas a tener más que complicaciones.
        -          ¿A qué te refieres?
        -          Pues que criar a un hijo no es moco de pavo, hijo. Y además de otro país, que le tendrás que enseñar todo, se tendrá que adaptar. Y tú mientras buscando trabajo aquí, que las cosas están muy mal; y mantener a un niño cuesta mucho dinero. Y además, que con una niña, y encima adoptada, vas a tener más problemas para encontrar una mujer que… Porque… ¿no te habrás enamorado ahí? ¿Verdad, Luis?
        -          No Mamá, no me he enamorado de nadie.
        -          ¿Seguro? En ese sitio hay muchas mujeres, y todas solas. Y con lo bueno que tú eres y lo bien que las tienes que tratar… Seguro que más de una te quiere pescar, hijo.
        -          Mamá, las mujeres de aquí no pueden enamorarse.
        -          ¡Anda! Y ¿por qué no?
        -          Porque han matado a sus maridos, Mamá, y a sus hijos, y las han violado, las han convertido en esclavas, las han mutilado… y bastante conseguimos con que lleguen a quererse algo a sí mimas si sobreviven a esto.
       -          Luis, hijo, no me cuentes esto así, que sufro mucho; no te enfades conmigo… si yo las cosas te las digo porque te quiero…
       -          Ya, Mamá… En fin, cuéntame qué tal por allí, que no me has dicho nada. ¿Hay alguna novedad?
       -          Pues no sé… Ya te he dicho, como siempre, con mucho lío. Rita ha vuelto a suspender biología, no sé qué vamos a hacer con ella.
       -          Todavía le queda septiembre ¿no?
       -          Sí, menos mal. ¿Te acuerdas lo bien que se te daba la biología, hijo? Hubieras llegado a médico si hubieses querido. Todo lo hacías bien.
       -          Hombre, lo mío no está tan mal ¿no? Algo de médico tengo.
       -          Claro, claro… ¡y lo bien que escuchas! Eso también ayuda a curarse, y no lo hacen muchos médicos… ¡Ah, bueno! Y tu padre está muy preocupado.
       -          ¿Qué le pasa?
       -          Pues que ha habido unos atentados en una maratón de Boston, se murieron tres, creo. ¡Una desgracia! ¡Pobrecillos! Y ahora se rumorea que la Botella quizá cancele la de Madrid; y, claro, tu padre lleva un disgusto encima...
       -          Vaya, con lo que estaba entrenando...
       -          A mí me da una pena enorme, hijo. Esa gente que su ilusión era correr, que eso no le hace daño a nadie, y van y les matan. Una pena, hijo, a mí esas cosas me dejan destrozada, de verdad… Aquí lo estamos sintiendo mucho, ¡y eso que América está lejos! Pero que no se me quitan de la cabeza las pobres familias, lo que deben estar sufriendo… ¿Hijo?... ¿Estás ahí?... ¿Me oyes?... ¡Vaya por Dios, ya se ha cortado otra vez…!

Cuando la realidad supera la ficción, no hay final sorprendente que la salve.

 Blanca León González



miércoles, 1 de mayo de 2013

LISTA DE LECTURAS

2017

1.- Frank McCourt: Las cenizas de ÁngelaLEÍDO 

2.- Miguel Delibes: Cinco horas con MarioLEÍDO 

3.- José Ángel Mañas: Historias del Kronen LEÍDO

4.- Vladimir Nabokov: Lolita LEYENDO






2016

1.- Zidrou: Lydie: LEÍDO 

2.- Boris Izaguirre: Un jardín al norteLEÍDO 

3.- Gabriel García Márquez: Relato de un náufrago LEÍDO

4.- Gustavo Adolfo Béquer: Leyendas LEÍDO 

5.- Truman Capote: Desayuno en Tiffany's LEÍDO 

6.- Julie Maroh: El azul es un color cálido  LEÍDO 



7.- Jack Kerouac: En el camino LEYENDO

8.- Laura Norton: No culpes al Karma de lo que te pasa por gilipollas LEÍDO  Craso error.

9.- Julio Cortázar: Alguien que anda por ahí LEYENDO

10.- Juan José Arreola: Varia invención LEÍDO 

11.- Marjane Sartrapi: Persépolis LEÍDO 



2014

1.- Francisco Nieva: Trilogía italianaLEYENDO

2.- Clara Sánchez: El cielo ha vuelto. LEÍDO 

3.- Álvaro Tato: Gira LEÍDO

4.- Luis Mateo Díez: La cabeza en llamas LEÍDO 

5.- Natalia González de la Llana: Dios en la niebla LEÍDO 

6.- Eduardo Mendoza: Sin noticias de Gurb  LEÍDO 

7.- Simon Singh: Los Simpson y las matemáticas LEYENDO

8.- Juan Rulfo: El llano en llamas LEYENDO

9.- Antonio Gala: Charlas con Troylo LEYENDO

10.- Fermín Cabal: Tejas verdes LEÍDO

11.- Javier Cercas: Anatomía de un instante LEYENDO

12.- Suzanne Collins: Los juegos del hambre  LEÍDO(Traductora loísta incluida)

13.- Suzanne Collins: En llamas LEÍDO

14.- Suzanne Collins: Sinsajo LEÍDO

15.- Paco Roca: Arrugas LEÍDO

16.- Ana Merino: Amor, muy frágil LEÍDO

17.- VV. AA.: Tenían veinte años y estaban locos LEÍDO 

18.- Antonio Muñoz Molina: En ausencia de Blanca LEÍDO

19.- El Gran Wyoming: No estamos locos LEYENDO

20.- Almudena Guzmán: Usted LEÍDO

21.- Carlos Saura: ¡Esa luz! LEÍDO

22.- Bernardo Atxaga: Obabakoak LEÍDO

23.- Zidrou & Springer: Léo, Léa  LEÍDO

24.- Nadine Gordimer (ed.): Contar cuentos LEYENDO




 
2013 (Desafío 50 libros)

1.- Jonathan Safran Foer: Tan fuerte, tan cerca. LEÍDO

2.- Flora Davis: La comunicación no verbal. LEYENDO

3.- Luis Martín Santos: Tiempo de silencio. LEÍDO

4.- José Cadalso: Las noches lúgubres. LEÍDO

5.- José de Espronceda: El diablo mundo. LEÍDO

6.- Antonio Buero Vallejo: Historia de una escalera. LEÍDO

7.- Enrique Vila-Matas: París no se acaba nunca.  LEÍDO

8.- Jorge Luis Borges: El aleph. LEYENDO

9.- Gustavo Adolfo Bécquer: Rimas Cartas literarias a una mujerLEÍDO

10.- Ramón María del Valle-Inclán: Sonata de primavera. (re)LEÍDO

11.- Francisco Nieva: La carroza de plomo candenteLEÍDO

12.- Alfonso Sastre: El porvenir del dramaLEÍDO

13.- Alfonso Sastre: Los intelectuales y la utopíaLEÍDO

14.- Ramón María del Valle-Inclán: Sonata de estío LEÍDO

15.- Santy Portela: En estado de espera LEÍDO

16.- Simón Sampedro: Cecina de poni LEÍDO

17.- José Aranda Aznar: Como Cervantes LEÍDO

18.- Manuel Machado: El mal poema LEÍDO

19.- Fernando Arrabal: El triciclo LEÍDO

20.- Gracia Mª Morales: Quince peldaños LEÍDO

21.- Antonio Onetti: La calle del infierno LEÍDO

22.- José Manuel Corredoira Viñuela: Bestiario de amor LEÍDO

23.- Juan Mayorga: La tortuga de DarwinLEÍDO

24.- Javier Monzó: Bar Baridad LEÍDO

25.- María José Martínez Sánchez: ¡Viva el rey! LEÍDO

26.- Abel González Melo: Chamaco LEÍDO

27.- Sonia Rodríguez Madrid: Contratiempoymarea / Waltus LEÍDO

28.- Antonio Gala: Inés desabrochadaLEÍDO 

29.- Íñigo Ramírez de Haro: ExtinciónLEÍDO 

30.-Juan Pedro Carrasco García: El vendedor de balsas. LEÍDO 

31.- Joan Brossa: Posteatro LEÍDO 

32.- Ramón María del Valle Inclán: Cara de plata LEYENDO

33.- F. Scott Fitzgerald: The great Gatsby LEYENDO (Si llego al tercer capítulo me conformo).

34.- Enrique Vila-Matas: Historia abreviada de la literatura portátil LEÍDO 

35.- Carmen Laforet: Nada LEÍDO 

36.- Ernest Hemingway: El viejo y el mar LEÍDO 

37.- Olga Mínguez Pastor: Lo que el tiempo nunca curó LEÍDO 

38.- Álvaro Tato: Cara máscara LEÍDO 

39.- Beatriz Cano: Las Furias de Electra LEÍDO 

40.- Borja Ortiz de Gondra: El barbero de Picasso LEÍDO 

41.- Lorenzo Silva: Los amores lunáticos LEÍDO 

42.- Gustavo Martín Garzo: El lenguaje de las fuentes LEÍDO 

43.- Carmen Martín-Gaite: Caperucita en Manhattan LEÍDO 

44.- Miguel Delibes: Los santos inocentes LEÍDO 

45.- Anabel Pitcher: Mi hermana vive sobre la repisa de la chimenea LEÍDO

46.- Juan Mayorga: El chico de la última fila  LEÍDO 


47.- Luis Rosales: La casa encendida LEYENDO

48.- James Finn Garner: Cuentos infantiles políticamente correctos  LEÍDO 

49.- Ron Lalá: Siglo de oro, siglo de ahora (folía)  LEÍDO 

50.- Luna Miguel: La tumba del marinero  LEÍDO 





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